La situación estratégica de Barakaldo, a medio camino de los
mercados de las villas de Portugalete y Bilbao, su situación en el
Camino Real hacia Balmaseda, su excelente disposición para la
navegación -cerca del mar y rodeada de ríos- y sus fértiles tierras
en las que fácilmente instalar huertas y explotaciones, hicieron de
la anteiglesia un lugar de recepción de personas desde sus orígenes.
Unido al auge industrial en el XIX y a su pujanza económica, la
población se multiplicó hasta superar los 100.000 habitantes en el
apogeo del XX, para estabilizarse hasta las cifras actuales. Sin perder
su vocación de tierra de encuentro, Barakaldo ha sabido conservar
su esencia y adaptarse a los cambios, siendo hoy en día una ciudad
amable y cosmopolita.