Zamalanda Historia

TIERRA DE RIOS | EL GASOLINO

Barakaldo se desarrolla entre ríos: Nervión-Ibaizabal, Cadagua y Castaños-Galindo. En medio de ellos, apacibles vegas, bosques y laderas con viñedos dieron paso a un siglo XX de industria y crecimiento demográfico en el que un sencillo bote a motor llamado Gasolino fue el habitual medio de unir las dos orillas, sin sospechar que habría puentes para hacer de la Ría un lugar de encuentro y de sus riberas un ejemplo de transformación urbana.

De tanta ida y venida se han hecho agua las barcas y hermanas las dos orillas​

Juan de Zubileta, del barakaldés barrio de Zubileta, fue uno de los 265 marinos que zarparon con Magallanes en 1519. Tras la muerte de este en Filipinas, Juan Sebastián Elcano capitaneó la expedición, siendo Zubileta uno de los pocos que terminaron la primera circunnavegación del mundo.

CARGADEROS DE MINERAL

Diseñado en 1875 por el ingeniero A. Marco Martínez, la Sociedad minera Francobelga inauguró este cargadero en 1886 con el fin de dar salida al mineral extraído en sus explotaciones. Compartiendo orilla con otras instalaciones similares pertenecientes a distintas empresas, se ha convertido en símbolo de un pasado marcado por el hierro e icono de un presente en torno al ocio y al esparcimiento, toda vez que la ría ha sido recuperada como espacio público.

Tras años de sacar el monte al agua, hoy el cargadero dibuja su perfil en el cielo como un animal sediento a la orilla del río​

Los cargaderos fueron numerosos en la ría. Servían para cargar el mineral que llegaba, mediante distintas líneas férreas cada una propiedad de su compañía, desde las zonas de explotación hasta las zonas de embarque. Contaban con una vertedera por la que se volcaba el hierro a lo barcos para ser enviado por mar a las siderurgias europeas, antes de que se procesara directamente en nuestra tierra. A finales del XIX eran más de 20 los que jalonaban la ribera, llegando a dar salida a unas 30.000 toneladas diarias.

ALTOS HORNOS

Surgida en 1902 con el nombre de Altos Hornos de Vizcaya, esta enorme factoría fue el resultado de la fusión de varias empresas siderometalúrgicas del territorio. Con tecnología innovadora en la época, como el convertidor Bessemer, disponía de instalaciones en Barakaldo y Sestao, así como con explotaciones mineras e industriales en otras provincias. Tras una dura reconversión en los ochenta, cesó su actividad en 1996.

Altos Hornos de Vizcaya alumbraba todo Bilbao en el tiempo fabril hoy ya superado de óxido y grises y aguas escondidas​

El proceso Bessemer fue un innovador procedimiento inventado por el británico de ascendencia francesa Henry Bessemer. Se empleó para la producción en masa de acero, logrando de manera relativamente económica la eliminación de impurezas del hierro por oxidación. El llamado Convertidor Bessemer es símbolo de la tecnología del momento pues, a pesar de sus problemas con las patentes, resultó clave en la siderurgia del Nervión.

PERSONAS Y TERRITORIO

A partir de finales del XIX, Barakaldo deja atrás las características de una población de Antiguo Régimen para vivir una transformación demográfica, social y cultural de la mano de la industria, acelerada por la masiva afluencia de mano de obra a lo largo del XX, hasta la desindustrialización de los ochenta. El ritmo fabril, a toque de sirena de los turnos de trabajo, impregna el ritmo cotidiano de la ciudad, hasta que, ya en el XXI, se reconcilia con el espacio y se alía con la sostenibilidad propia de una urbe contemporánea y abierta.

A ritmo de sirena y chimenea, se hizo nuevo y grande Barakaldo. Y con rojo de hierro. Y ahora con agua y verde y gesto amable, sigue viva la ciudad apoyada en su gente

La situación estratégica de Barakaldo, a medio camino de los mercados de las villas de Portugalete y Bilbao, su situación en el Camino Real hacia Balmaseda, su excelente disposición para la navegación -cerca del mar y rodeada de ríos- y sus fértiles tierras en las que fácilmente instalar huertas y explotaciones, hicieron de la anteiglesia un lugar de recepción de personas desde sus orígenes.

Unido al auge industrial en el XIX y a su pujanza económica, la población se multiplicó hasta superar los 100.000 habitantes en el apogeo del XX, para estabilizarse hasta las cifras actuales. Sin perder su vocación de tierra de encuentro, Barakaldo ha sabido conservar su esencia y adaptarse a los cambios, siendo hoy en día una ciudad amable y cosmopolita.

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